El sol que se cuela por las hojas

simplemente nada, no pensar, ahogarse con su propia sangre coagulada mientras tose y sangra

Quitó las cortinas, no tenía caso esconderse, sacó cada una de las cajas en las que guardaba por periodos de 5 años, los pequeños detalles, todos. Pronto y sin pensarlo demasiado, tiró todo, cartas en color rosa, cartas en rollos de registradora, papeles amarillos.

Ordenó los trastes y metió en bolsas la basura, limpió como pudo y cuanto pudo, cerró las bolsas de la ropa sucia para que no se escapara el olor a sudor, la ropa con sangre la metió en las bolsas que tiraría antes de salir, aunque no habría servicio de recolección de basura en algunos días, tal vez nunca más.

Sonrió, El cuervo, nunca más. Dibujó, como entendía, un cuervo en la pared de la sala.

Más debil cerró ventanas y desconectó aparatos, bajó los interruptores y salió del departamento, bajó las escaleras, dejó las bolsas en los botes verdes, parece que nadie se había preocupado de tirar la basura pues los botes no estaban llenos, tal vez todos se fueron, no había más que un par de coches, puso las llaves de casa dentro del auto y las del auto en el buzón, le podrían servir a alguien y salió a la calle, miró antes y cerró la puerta.

El día era muy tranquilo, el sol de invierno le quemaba los brazos, tal vez estaba más sensible, la herida empezaba a lucir mal, como supuso que lucía él, sacó de su bolsa los audifonos y se los puso, atoró el cable con cinta microporosa y puso música, le duraría al menos 10 horas, quiza más, en volumen bajo y órden aleatorio empezó con su canción favorita, esa que hace años dijo que escucharía para morir, y así fué, se sentó en una banca del parque cercano, hacía caso omiso a la gente que trataba de huir, cuando lo veian, desviaban la mirada a la herida y sabían que nada se podía hacer, lo coches seguían su camino, incierto.

Se sentó, miró el sol que no era bloqueado por las hojas de los arboles, dió una última bocanada de aire y siguió mirando el sol, convulsionó y ya nada más se movió.

Tres horas después cuando las enzimas creadas por el virus empezaron a energizar el sistema nervioso y el resto de las células, gruñó la música aun sonaba, comenzó a caminar.

La gente aterrada no notaba que no los perseguía, caminaba desconcertado, escuchando Life on mars.

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5 comentarios en “El sol que se cuela por las hojas

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