Augusto y su pesadilla

Hay una rosa que se marchita en su recamara, despierta y a pesar del frío no tiene cobijas, recuerda que el mismo se las quitó, entonces recuerda que no estaba sólo, había alguien a lado de su cama, sentado en su cama.

Su traquea aun le duele, recuerda haberse colocado en posición fetal y desafanarse de las cobijas y soñar con un cine viejo, recurrente en sus sueños, este cine tiene escaleras que llevan entre salas muy viejas, da a calles grandes, es un centro, una ciudad creada en su cabeza, una ciudad muy grande y ruidosa, a veces parece la Ciudad de México, a veces es una Gran Vía o 5ta avenida, truena la pared, regresa al recuerdo.

Es una sala como cine porno y hay gente teniendo sexo, como en los viejos cines del centro, hay trapecistas, una suerte de acróbatas, el lugar de sórdido pasara a ser una especie de cabaret. Augusto pasa saliva con dificultad, hay una familia de acróbatas sexuales, lo recuerda porque siente ese rechazo al sexo como espectáculo y sale de ahí, relatan como hay una pieza que usan, como si fuera el soporte, lo describen como una prótesis de rodilla, es de metal y el hijo, que es él qué tiene el micrófono, cuenta que la pieza que sostenía las cuerdas del padre  que el murió y no se siente a gusto o es parte de un ritual quermarla, destruirla.

Sale.

Ahora es casa de su padre y el cadaver del abuelo está sobre la cama de sus padres, una cama que lleva años sin existir, hay pesar y él es un niño, el cadaver tiene espasmos y deben retirarle el algodón porque se ahoga. Augusto siente dolor en el abdomen y fuera se escuchan los primeros ruidos del día.

Lo envían con sus primos por las tortillas, aunque sabe que no son sus primos, son sus sobrinos y por la ventana ve asomado a Mateo su otro sobrino, que lo mira fija y solemnemente, el sueño se difumina, viene un miedo fuerte, que es posiblemente el frío que siente al no tener cobijas. El plan funerario sigue adelante, no queda claro porque convulsionaba y se levantaba su abuelo, que está por cumplir 20 años muerto.

Despierta totalmente recto, helado, angustiado y con la tráquea doliendo, prende las luces y recuerda que estuvo alguien en el cuarto, es fácil ser presa de miedos pueriles y toma como una mala señal que la rosa en su mesa a lado está marchitandose, extrañamente porque parece que se está quemando, mala noche y mala señal. Soñó con alguien más con un alguien más, que parece ser el muerto, el abuelo muerto que estuvo sobre la cama, o alguien más, eso teme, que sea alguien más.

Regresa a la única culpa constante en su vida, una pequeña acción que se traduce como una de las posibles causas de la muerte de su abuelo, que así como en el sueño, miró a sus 17 tirado sobre la cama, recién infartado.

Enciende la luz, todas las luces, revisa que todo esté en su lugar, la puerta cerrada, el baño cerrado y se encuentra con la máquina del cuarto contiguo encendida, regresa a su cama, sin apagar las otras luces y se sienta sobre la cama, toma la portátil y empieza a escribir sobre la visita y la mala espina que da todo esto.

Tal vez intente dormir pero con las luces prendidas y tratará de no pensar en él, que aparece en su sueño.

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