Road Post – Ruta de Evacuación

Odio manejar en la ciudad, pero me gusta manejar en carretera, a veces sólo, a veces acompañado.

De pequeño recuerdo siempre regresar a través de un camino de bosques y lluvia, situación que cada vez es menos frecuente, ahora hay puestos de garnachas y casitas sin aplanado y color gris cemento-ladrillo. No queda nada que ver, bosques convertidos en pastizales, tierras de cultivo o en el peor de los casos pequeñas comunidades sin chiste, ya no hay árboles ni la idea de meterse y perderse, el camino se torna peligroso ante la prisa de los hombres, ya tomados por los hombres grises.

Cantar, eso me gusta, escoger canciones que pueda gritar, Sabor a mi, con Eydie Gorme y Los Panchos, detenerse a orinar en las paradas de las casetas y sentir como el camino y los kilómetros son interminables. Mojar mi cara con el agua helada de estos puntos. Detenerme cautelosamente en los puntos de revisión del ejercito, no sea qué, la bala perdida me toque a mi.

Me gusta llevar un termo con café, cuando manejo solo, eso me distráe, las partes rectas lo sirvo en la tapa o se lo pido al copi, al que acostumbro mirar para no dejar que se duerma.

Aunque el alma no viene tan atrás como cuando uno se sube a un avión, el alma también viene atrás distraida atisbando a los valles y mirando desde arriba los cerros partidos.

Suelo aprenderme las carreteras, así ya se que me espera de regreso, aunque nunca me acostumbro al tiempo largo, percibido digo, del camino de regreso.

Y más, cuando la estancia ha sido placentera, tirarnos en el sol, subirnos a un columpio, atravesar puentes, caminar a Santo Domingo, tomar hasta que el demonio sale, perdernos en un bosque vacío, ir a una galería a ver un beato incorrupto, entonces el viaje de regreso es más largo, acompañado de silencios, la melancolía de ser distintos para llegar al lugar común, se mira por la ventana y con las arrugas bajo los ojos se tuerce la boca en una mueca.

Y se puede quedar todo en la maleta, mochila, bolsa. Esperar hasta el siguiente fin de semana para ser enjuagado de los olores a bosque, sudor, mezcal, comida y todo lo que se acumula en el los días en que somos en otro lado.

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Un comentario en “Road Post – Ruta de Evacuación

  1. Bueno, pero un día yo voy a agarrar el volante y usted la cámara y tomaremos una de esas carreteras viejas, sin un destino preciso, nomás a mirar y a cantar a gritos 🙂 Abrazo, señor.

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