Lujuria y vida

Suena Nick Cave, The mercy seat.

El cabello, se toca, se meten los dedos entre el cabello, se acaricia el cuello, con el pulgar se explora la aorta, se entierra la nariz en el cuello, si fuera catador, encontraría rastros de flores y cítricos. El colmillo se entierra sin mucha presión en el lóbulo, respira, se llena la oreja de vapor tibio.

La otra mano baja acariciando la cadera, regresa presiona la espalda como si ese acto fuera a unirlos, sus pechos están ahora juntos puede sentir su pelo, un pequeño grupo de fibras tocando, rozando sus pezones.

Ahora le levanta el brazo, y clava de nuevo la nariz, le gustan los aromas, casi todos, el aroma de loción mezclado con sudor, de su sudor mezclado con desperdicios de bacterias, un poco fuerte, la lengua resiente un poco de antitranspirante.

El problema son las piernas, ¿que se hace con ellas? Se tocan, acarician, se muerden, se lamen, pero debería poder hacer algo más, devorarlas se le ocurre, y muerde, con un pequeño quejido en reclamo, arranca los pedazos y los mastica, las pantorrillas no importan, las piernas eran para devorarse sólo así entrarían en comunión.

Y ahora le hace cosquillas, con el dedo pulgar e índice acaricia el tendón, fascinado, lo corta y siente el recuerdo de un dolor que nunca se ha tenido.

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