El gusto a muerto

La primera vez que lo percibió; tenía que levantar el cadaver de su abuelo, tenía que abrazarlo de frente y además de la mirada que no enfocaba sentió un olor, un olor a muerte.

Nunca lo pudo olvidar.

Pronto, sucedió qué, besaría a alguien y lo percibió de nuevo, era ese mismo aliento, poco después esa persona moriría, inmediatamente se imaginó a si mismo, como esa gente de las historias, esas que tienen dones, pero sabía que sólo era cuestión de percepción. Pensó en una previa descomposición por alguna enfermedad, nunca supo cual fué el resultado de la autopsia pensó en alguna clase de cancer, tal vez es se colaba al sistema respiratorio y de ahí la previa muerte en el aliento, pero no, no era así.

La autopsia, que nunca conocería,  mostraba una necrosis interna, cómo si todo simplemente hubiese empezado a morir, todo estaba oscuro, una necrosis extraña, buscaron bacterias, virus, nada, simplemente las células empezaban a morir.

Augusto no era supersticioso y no relacionaba las muertes cercanas a los besos que daba, era muy de besar e involucrarse con extraños, así qué, sólo un par de veces supo de los muertos. Paranoico, adelantó sus exámenes anuales, nada, negativo, aliviado y desconfiado se hizo exámenes completos y nada, los conteos era normales.

Coincidencia pensó, sin embargo, ese sabor a muerte no le convencía, hizo su limpieza dental y nada, no había rastros de alguna infección o algo que generara en él ese aroma, parecía aparecer sólo cuando besaba a alguien. Pastillas, comida, enjuagues, nada lo cubria, pensó en algún componente qué reaccionaba a otras salivas, y pronto se desentendió de esa obsesión.

Como sucede con los de su tipo, conoció a alguien al que no despachó por la mañana, sintió algo, como si fuera el momento -no sabía momento de qué-  lo sabía, salieron de bailar y besarse, pasaron a cenar y se fueron a casa, se besaron, y así los sorprendió el domingo por la tarde, pero Augusto sentía ese aroma cada vez más fuerte.

Fueron por sus cosas, el agotamiento que percibió, asumia que era provocado por sus excesos, mucho alcohol, mucho desvelo.

Por la noche él mismo se veía desmejorado, algo que comieron, no supo, nadie lo sabría, pero esa muerte que él respiró de su abuelo, se transmitía y al quedarse con el último contaminado, el mismo Augusto, miraría al techo sin movimiento alguno por la mañana, víctima de una necrosis interna masiva, al igual que su acompañante, tardaron varias semanas en hallarlos, la necrosis pasó a un estado de momificación, eran dos cuerpos acartonados, sin rastros de putrefacción, sólo un aroma que nadie percibia, que picaba un poco en la garganta.

Nunca más se presentaron casos de necrosis sin alguna razón.

 

 

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