Octubre 2011

Me habría gustado hablar hoy con mi padre, tenía años que no llegaba de noche y que la casa estuviera tan tranquila. Ya no lo encontré despierto, ni mis hermanos, ni sobrinos.

Hoy, el lugar donde en mi niñez me refugiaba por su lejanía, estaba lleno de la gente del siglo corriendo entre foros y esperando a Portishead. Ya no está el panteón en el que saltábamos las bardas para husmear entre las tumbas llenas de basura, los pasos a desnivel que se encharcaban y los vastos bosques, nada. Solo los pits del autódromo y un montón de edificios y adaptaciones para foros de conciertos.

Mi cuarto hace años es un cuarto abandonado con los fetiches que no valían lo suficiente para llevarmelos conmigo. A dos pasos de ser tirados a la basura. Llenos de polvo y recuerdos que se han deslavado.


Este lugar y sus alrededores tiene cada vez menos de mi.

Tal vez en el futuro mis sobrinos pregunten quien era ese tío que los venia a ver, que no sale en las fotografías y que un día, sin motivo dejó de visitarlos.

 

 

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