Otoño III

Camino al trabajo, no mucho que ver, el sol ya alto, es el horario de invierno, de infierno, recuerdo que en el mercado ambulante del parque de Narvarte hay jugos de toronja, voy por uno, me paso una cuadra y debo cruzar por los puestos que aun se levantan.

Pescado en hielo, pimientos de tres colores, poro, siempre he querido preparar una sopa de poro y papa, tal vez lo haga el fin de semana.

Suenan tubos, lonas me tapan del sol y llego al puesto, parten unas toronjas y pid el jugo sin colar, es casi morder cada gajo, bueno no, me gusta morder los gajos, pelar la toronja, mi jugo está listo.

Pago, decido llegar hasta Dr. Vertiz por el mismo mercado, viendo lo mismo, ls puestos, los plásticos, el sol me da en la cara, aun no es tarde y tomo el jugo, camino, las señoras que ni pretextan comprar nada, sólo se reúnen para ponerse al día con las desgracias, con las malas ondas, recuerdo a mi madre. Sus malas ondas y recuerdo que soy de malas ondas y que todo se ha podrido, carajo… respiro y lo hago casi al mismo tiempo que un corredor que va sobre la banqueta, debería correr y sin pensarlo acelerar y que la inercia se encargue de los muertos que siguen trepados en la espalda, igual no he volteado, quizá no están, se nos ha podrido todo, carajo.

Se terminan los puestos, es otra vez calle, cruzo y sigo mi camino y busco un bote de basura, el último trago a mi amargo. Jugo.

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2 comentarios en “Otoño III

  1. Naaa. Nadie que ame el amargor de la toronja puede ser de malas ondas. Y sí, pareciera que todo se pudre. Nomás por eso debería usted venir a cocinar esa sopa de poro con papa a mi casa y yo haría un pollo a la toronja.
    Abrazo.

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