De abismo y de odio

Luna menguante, Augusto ya no tiene corazón, camina por Madero, no hay mucha gente. Burlado, se dejó sacar el corazón para nada, para saberlo en una colección, guardado.

Augusto mira un charco de agua donde se puede ver la luna, se para en la orilla, a la orilla de la luna como cantan las canciones. A un lado de la luna, sin embargo, es posible atisbar al abismo, y recuerda lo que ha dicho Nietzsche, lo mira detenidamente, largo tiempo, 10 minutos, 100 minutos y nada, el abismo no ha mirado en él.

Suspira y sigue su camino, entrará a un bar, a la barra, a tomar una copa de vino.

Realmente quedó vacío.

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