Las relaciones Ilicitas I – La otra

La otra, acomoda la planta de tal manera que la hoja que se empieza a marchitar no se vea, se sirve una copa y se sienta, espera aunque sabe que no hay horario para que llegue, lo mismo podría esperar una hora, lo mismo asumir que no llegará y ni siguiera tendrá la delicadeza de hacer una llamada. La otra sabe que no puede enviar mensajes, siempre debe esperar la pauta para establecer la comunicación. Aun así espera impecable, escuchando música mientras da sorbos pequeños a la copa de vino.

La otra no sabe de donde viene, fiesta del trabajo, fiesta familiar, ¿cuál será el pretexto esta vez?, hace mucho que no se lo pregunta, eso es cosa de él, ella no pregunta, no dice, no indaga, aunque por dentro pueda morir de dudas, preguntarse que puede decir para hacerlo sentir mejor, porque casi todas las veces, él llega exausto, fastidiado, tampoco le cuenta mucho, no la quiere dentro de su vida, al final, la otra y él saben que eso se terminará.

En raras ocasiones salen juntos, alguien podría verlos, tienen que ir a cines donde saben nadie lo encontrará, a restaurantes que nadie frecuente, a funciones de cine tarde, si se puede pretextar, si la esposa, novia o amante oficial está de viaje, aun así no se arriesgará, entrarán a la sala en diferentes tiempos, para que nadie los vea y saldrán de la misma forma.

En las fiestas, si es que eran algo antes de ser amantes, tendrá que fingir, tendrá que evitar comentarios y tendrá que evitar mirarle como si el infinito fuera lo único que los separa. Pretenderá indiferencia y saldrá despidiendose cortesmente, mientras él, de la misma forma le acompaña a la puerta.

Lo conoce, conoce que le molesta de la otra, evita fallar, evita llorar, evita decirle que se muere cada que le abraza, evitar decir que los días que no le ve se muere de dudas, evita, se muerde, se asfixia, pero siempre sonrie, toma la copa como si no estuviera a punto de tirarla.

La otra evita a otras personas, no como acto de redención, sino como un acto de respeto, puede haber devoción, pero sólo es el respeto que él no tiene por ella ni por la que puede salir a la calle, ser vista en los lugares públicos, la que se presenta en las fiestas y la gente aprueba.

Debe alejar el aburrimiento, jamás mostrar el tedio en la cara, jamás exigir y jamás molestarse. Evitar la rutina y tragarse el orgullo cuando sabe que él ha solicitado no se le invite.

Tal vez por terceros sepa los pormenores de su festejo de cumpleaños, de la fiesta del departamento al que recien se ha ido a vivir, y de las actividades en las que se le está prohibido involucrarse.

Al final la otra estalla, hace un reproche, el inicio de la costumbre, pedirá disculpas aunque no tenga la culpa y se resignará a la disminución de visitas, de los mensajes, de las invitaciones, él se las arreglará para que sea marginada, así todo vuelve a la normalidad, él regresa a su pareja, motivado por la culpa, abrumado por esa relación oscura con un ser sin moral, sin verguenza y cuando se vuelvan a ver, harán algo por evitarse, por no saludarse, hasta que por costumbre, se ignoren de forma natural.

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