El colchón

No le gustaban los resortes, dijo la segunda vez que durmió en mi cama, yo no los había notado hasta entonces, y entonces empezaron a clavarse en cada parte blanda y el insomnio se hizo más fuerte, no era fácil conciliar el sueño, el colchón se hizo visible.

En esas noches en que en las rodillas se enterraban los resortes, cuando boca abajo pensaba en todo lo hecho en el día, era inevitable ya sentir que había algo debajo, molestando, recordando otras molestias.

Regresé a mis años de universitario, estudiante, o algo así, cuando compré dos colchones, para mi hermano menor y para mi en una cama doble, el sólia dormir arriba y yo abajo, hasta que partimos la recamará a la mitad.

Tenía una lámpara a lado y un par de cobijas que aun conservo, un cobertor azul y una almohada que tiré hace ya muchos años, vienen las noches pegado a la computadora, viene meter a alguien y compartir ese colchón, regresan algunos recuerdos, como ese donde una mujer me grita al oido, voces me despiertan y gritos suenan entre los sueños y pesadillas, viene el momento de dejar la casa de mi padre y llevarme la cama, era lo más práctico, no pensé que llevarme la cama se convertía el destierro, ya no hay cama, ni cuarto, ni recuerdos, dejé pocas cosas y casi todo está en cajas en un cuarto lleno de herramientas y en la basura, cuando he pasado la noche en casa de mi padre, lo paso en el sillón, no hay prueba de que yo existiera.

Ya en mi vida independiente, el colchón estuvo de muchos modos estos últimos años, en un cuarto, en el otro, pegado a la pared si usar, acumulando esos insectos del inframundo que comen piel muerta, ventilado, muchas veces salpicado de alimentos, entre otras cosas, gente, momentos, fiestas, amigos que pasaron la noche por diversas razones, pegado al suelo o sobre su base, con todo y sus demonios por debajo, a veces vacío ese espacio, a veces lleno de objetos que no termino de usar ni de tirar.

Él, me acompañó a comprar otro colchón, ahora el insomnio y las pesadillas siguen, pero no los resortes, de alguna manera muchas cosas se han ido cuando bajé cuatro pisos y lo intercambié por 5 pesos al colchonero, no tomé fotos, ni hice una pieza con él, dejé que se fuera, así como todo lo que pasó en él.

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