La misma luna.

Cuando la luna se llena, se mira el enorme boquete que no sólo alteró su forma circular, también alteró las mareas, los ciclos de las especies y la locura de la gente.

Ese día los lunáticos sintieron que parte de su alma de partía en pedazos, su cordura era, definitivamente fracturada.

Los astrónomos se congratularon de sus cálculos y, en general, la población se alegró de la suerte de la tierra al ser la luna la que detuviera “esa roca fuera de control” que se acercaba a la tierra, chocó en la parte oscura y, sin embargo, quebró buena parte de la visible y ahora giran chatarra de satélites y rocas alrededor de la tierra. Se ve un ligero aro, como el de Saturno, la línea de la tristeza, dicen.

Los lunáticos miran ese cinturón, el cinturón de Melies, llamado por el cohete que entra en el ojo de la luna, y algo dentro de ellos sabe que su tristeza se ha repartido alrededor de la luna y ahora gira todo el tiempo, no hay forma de escapar de ella, es como si del todo de la locura hubiese sido desprendida, expandida la tristeza.

A veces pedazos de tristeza caen a la tierra, la tristeza cae y se quema y son lluvias de roca incandescente que nunca llegan a la tierra, bueno, se rumora que hay un golpe en la Torre Eiffel a consecuencia de una roca espacial. Muy adecuado, la tristeza toca París. Dicen que en 20 años ya no será visible el cinturón, aunque hablaron de un periodo similar para la estabilización de las mareas y siguen siendo irregulares, siguen siendo catastróficas e impredecibles dentro de un límite razonable.

Los únicos que saben lo que pasa, son los lunáticos, ellos, saben que su tristeza está fuera de su locura y que gira alrededor todo el tiempo.

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