Hiperconvulso

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La tarde es como fuego, sutil, y lastima. Llega a casa, agobiado como si todo pesara, la ropa quema, las llaves arden en la mano, algo no está bien, la sensibilidad aumenta y lo siente, como si algo temblara en su cuerpo, por dentro, como un fantasma eléctrico que lo atraviesa y viene un silencio microscópico.

Empieza la convulsión.

Pierde el control y cae, la cabeza se estrella contra el piso y siente, aunque de forma distante, el cuerpo sin control, como si quisiera liberarse el alma y peleara por salir del cuerpo, siente el sabor a sangre en la boca, cómo aprieta las muelas inferiores contra las superiores, han pasado años, quiere gritar, y llora, quiere decir un nombre. Y no puede. El pecho se mueve con voluntad propia, como si el corazón desbocado fuera a reventarlo, regresa violento y choca la espalda al suelo.

Regresa a su cuerpo, regresa la hipersensibilidad, llora, se siente desolado, algo está roto ahora en su cerebro, no sabe si regresará, en cuanto tiempo, tirado mirando al techo, dolor en las articulaciones, en la parte de la cabeza que se estrelló en el suelo, mira el techo, y sigue llorando. 

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