Entrópico Distópico

Extrínsecos, las miradas no dicen lo mismo que decían bajo las sabanas, son ahora una mezcla de tristeza y rencor, más rencor. No son los mismos qué debajo de un juego de sabanas blancas, a veces grises y a veces negras, vislumbraban esa extrañeza que ahora es lo único certero en su historia.

Las historias que no pueden ser nombradas, no existen, no son, nunca fueron ni serán. 

No hay certeza en una historia de entropía de crecimiento logarítmico, arrítmico corazón latiendo, cada vez más fuerte, desbocado, hasta que revienta, triunfo de la tricúspide que quiere ser agitada por el viento, final de la aorta que queda vacía y arenosa, el fuego en los ventrículos, no hay certeza, no hay historia, sólo los restos de tejido, con cenizas y pedazos de músculo que pronto serán nido de larvas.

De la calma, viene el caos, del caos la calma, nada queda igual, como si todo fuera sólo transferencia de soledades, la desolación de una tormenta en el sol, la desolación del lado oscuro de la luna, la desolación en las rocas que no son, que giran alrededor de Saturno.

Entropía-utopía, y tampoco quedaremos en calma, somos mutuos despojos, a veces nos soñaremos, nos encontraremos y sabremos que no hubo calma, ¿Cómo? si esto nunca existió. No hay cura más inexistente que la cura de algo que no existe, pero ahí quedan los sintomas sin embargo.

Distopía, de tener que esconderse para no ser vistos juntos, de caminar en un cuarto lleno de extraños jugando a buscar la mirada, que rechazas, a fingir que no habíamos estado, no, no existe lo que no puede ser nombrado, y no podemos ser nombrados.

Como si pudiéramos decantar los malos malos momentos, olvidar la turbulencia, pero no, sigue presente, contaminando campos vacíos, no existe esto pero existe el pasado, existen los errores, existe todo lo que hice mal.

Un salvoconducto para poder escapar de esto y poco a poco justificar que esta historia no existió, que no cayeron hojas alrededor, que no miramos la puesta de sol, que no dormimos respirándonos.

Que nuestras distopías son reales y nuestras utopías ni siquiera pueden ser nombradas.

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