De misas y actividad electrónica

Los muertos, van al descanso eterno, al olvido, a la extinción, Augusto, le llamaremos así, es uno de los ángeles caídos que sonríe maliciosamente, cada que un ser vivo se rompe, muere.

El halo de todo lo que lo mantiene vivo se quiebra, eso sería el alma, que no es un ser pensante o con forma como se cree, simplemente un halo que se expide de un sistema orgánico en perfecto funcionamiento que deja de funcionar.

Le gusta ver cuando la gente muere en la más oscura soledad y oscuridad, antes de romperse esa fuerza vital, tienen un momento de consciencia hipersensitiva, miran todo, escuchan los ruidos lejanos, sienten la ropa, las sabanas, cobijas, las agujas, las heridas, huelen sus últimos malos alientos, medicinas, putrefacciones, aromas almacenados en ropa, flores y cualquier partícula aromática que puedan identificar.

Todo con una nitidez que provoca una descarga, un escalofrío, y mueren, los caídos como Augusto miran desde la oscuridad y pueden ver un ligero brillo en la piel, la última descarga de calor y se empieza a enfriar y las bacterias no encuentran resistencia a su reproducción, las larvas empiezan a desarrollarse.

El cerebro tiene una descarga electrica aun más lenta, brilla la cabeza por más tiempo, una ligera aura-aurea, el cerebro, en base a culpas, emociones, arrepentimientos, obsesiones y recuerdos, empieza a crear esa ‘vida después de la muerte’, que sólo es un remanente de electrónes y compuestos químicos a los que la putrefacción alcanzará un tanto después.

Los caídos miran los recuerdos, seleccionados sobretodo de acuerdo a la culpa y sus obsesiones, eso les crea los más tenebrosos últimos sueños y Augusto suele sonreír con eso, vagará por la eternidad, pero los humanos sufrirán por eternidades imaginarias, hasta cesar toda actividad eléctrica.

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