De quemaduras en la retina

Hay un arcoiris, si mueve un poco la cabeza se hace más nitido, la luz de la tarde y las nubes bajas deben refractar la luz en un ángulo muy especial, está en el centro de la alberca, grupos de gente alrededor, no se adapta a uno, en una de los camastros, una de las chicas que le permitieron entrar a uno de los laboratorios a los que no estaba inscrito, si miraron y un pequeño asentimiento es un saludo, ella sigue tomando el sol, el vuelve de nuevo a la posición donde puede mirar un arcoiris.

La comunicación es más escueta, más forzada, sabe que ya no le interesa, y si él sigue escribiendole es porque es cordial, cordial es una palabra que ha perdido el significado – no quiero que sea cordial- piensa, pero sabe que no puede ser de otro modo, es cordialidad o es ignorar y seguir adelante. No quiere seguir adelante.

Sigue acostado mirando el cielo, cierra los ojos y puede ver que tiene más de 10 cicatrices en la retina, manchas que no perciben luz, se ve rojo al cerrar excepto por esas manchas. Sabe que las quemaduras son de tomar fotografías viendo directamente al sol, pero le gusta, ha perdido cámaras desgastando los sensores y se ha quemado la retina, tal vez así como descubrió que ha perdido un poco la audición del lado derecho, descubre que poco a poco perderá la vista, tal vez las manchas se hagan más grandes. Como Weston, no se arrepiente, de hecho por él supo, tal vez busca el destino trágico de la pareja que lo lleva a la fotografía, Tina y Edward.

Abre los ojos, según sube o baja tratando de flotar de espalda, mira el arcoiris, el sol se va metiendo.

Todos van dejando al alberca, el sigue flotando, en medio de la nada, mirando un arcoiris que nadie más nota.

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