Un año de desamor

Así ha pasado un año, lleno de errores, malentendidos, prejuicios, censura y una relación que no debió y, de hecho, no existió.

Claudio veló a su mellizo. Se suicidó, nadie sabe porqué, pero Claudio, que aun en esa ocasión sonríe, siempre sonríe. Sabe por qué ha muerto, un mal año, un año de perros.

Nadie asistió al funeral, fue rápido, se deshizo de lo material, organizó todo e inclusive, habló con Claudio para contarle, durmió con El Poeta. Rápido, práctico, en las horas reglamentarias ya estaba listo el cuerpo en una capilla al sur de la ciudad, 4 sillas, para Guillermo, Eduardo y Augusto, ninguno llegaría, eran él, su mellizo.

Claudio estaba en paz, su mellizo había quedado tranquilo, se vio en su expresión, cuando lo encontró era un cadáver incorrupto, tranquilo, lo único triste fue recordar lo que dijo en una de sus últimas conversaciones, nunca nadie me miró con el universo en los ojos, nunca nadie perdió el miedo y nunca nadie lo miró con algo más que miedo.

Era un ser completo y por lo mismo dejó de respirar, asistido, como bien todos sospecharían, por un bisturí que cortó la aorta, la vida y la sangre, en sus sábanas grises a las que llamaba Dinamarca. Le repitió varias veces, simplemente estamos cansados de estar vivos.

Un mar de rojo y él, pálido, serio, con el sol de verano entrando, reflejándose en el escarlata de la sangre, así lo encontró. Cuando recibió las llaves como encargo supo que él estaba muerto y quería que lo hallaran pronto. Al ver su cara, Claudio sonrió. Su mellizo ‘habían’ muerto en paz.

Claudio sigue sonriendo, imagina el cuerpo abrazado, abrasado por las llamas, ya no queda nada de ellos, de Eduardo y su melancolía, de la furia de Guillermo o de la tristeza y malaleche de Augusto. Las cenizas las tiró en el bosque que tanto le gustaba, un mal año, nunca había visto llorar tanto, y por tan poco a su mellizo.

Sabía que habían perdido la razón, era cosa de días. No podía estar tan mal por tantos meses.

Y tira la vasija.

Un año de desamor mató a su mellizo, pero no hay nada que haga que los reviva. Están muertos. Como cada texto qué escribió.

Anuncios