Apropos de los guiones baratos de nuestras historias.

La desventaja de haber tomado catecismo de niño, es que ya te sabes casi todas las historias de todas las películas y libros, sólo queda disfrutar el aderezamiento y los giros de tuerca; fingir un poquito de sorpresa.

Apliquémoslo a la vida, ya sabes que si no se termina por una cosa algo, es por otra o es por alguien que sólo interpreta su papel, como si los roles nos llamaran cada que interactuamos en sociedad, desarrollandose y definiendose conforme se complica la trama.

A veces la víctima, otras el villano, el sociopata, el amante, otras el catalizador de las rupturas y desaveniencias, otras sólo un testigo que puede deshacer los enredos, pero siempre se tiene una injerencia en la historia en la que se vive, no hay forma de ser una especie de plasma social, viviendo todos juntos sin interactuar y cambiarse los rumbos, no hay forma, cualquier pequeño comentario se puede tornar en una bola de nieve que crece y crece hasta estrellarse y framgentarse en pequeños montones de hielo.

Y claro está que uno es parte de múltiples historias, por cada relación que se tiene, uno podría quedar circunscrito en la sucesión de eventos que fractura la historia o bien le da forma o termina de darle forma.

Y como reacción en cadena todas las historias están interconectadas, en una sociedad más o menos cerrada, lo que revienta en una, afecta a todas.

No es posible simplemente no ser parte, a menos que se consiga el perfecto solitario, el ermitaño. Pero inclusive la existencia de ese ermitaño, afecta la historia de alguien más, haciendola nula o haciendo espesa debido a la incertidumbre.

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