El desenfreno de una libélula a principios de otoño. – Fragmento.

Buscar el nombre más pretencioso para un escrito, esperar que eso atraiga una libélula en lugar de mariposas nocturnas que anuncian mi muerte,

mi muerte son libélulas,

volando,

alrededor de su cabeza entre nubes,

de su corazón en letras sangrando versos,

en sus cuervos comiéndole desde el estómago,

mi norte, mi sur, mi este,

sin oeste.

Se van decantando.

Quienes queman por dentro, reventando esos cien millones de células,

combustión espontanea hiperenergética, termina en una pronta explosión.

Y una tenue lluvia de cenizas.

Cenizas que crecen libélulas de grafito.

Así las libélulas de mi muerte entrarán por las ventanas a sus nubes, a sus textos a sus cuervos.

Y cada universo que se presenta en sus sueños, se escuchará un zumbido.

Entonces van a desaparecer las cicatrices en mi brazos

Los doscientos ocho huesos en mi cuerpo serán fragmentos, astillas cubriendo las hojas del otoño.

 

Composta.

Nitrógeno, carbono, oxígeno, hidrógeno, calcio, fosforo, potasio.

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