La ladrona.

Era el año 2000, no se cayó el mundo, había cumplido 25 años y como todo chico de 25 años, había planeado mi suicido meticulosamente, testamento, llaves, cosas que la gente debía hacer todo en sobres. Tomé un autobús hasta Pochutla, llevaba lo mínimo necesario, algo de dinero y el plan de nadar hasta donde estuviera lo suficientemente cansado para no regresar a la playa, ni a la ciudad ni a nada.

Después de atravesar la sierra, llegue a Mazunte, caminé y busqué un lugar para tomar una cerveza y pregunté a una chica que estaba atendiendo, dónde podría poner la casa de campaña que llevaba, me dijo que ahí mismo, que tenian un espacio para acampar, puse mi tienda, puse el boleto de regreso, el dinero y otras cosas en el hueco seguro, dinero a la vista en la mochila y salí por una cerveza, no había mucha gente, había escogido un temporada no vacacional para pasar esos días y poder morirme a gusto, sin tanto hippie mirando mi cuerpo y apagando sus colillas sobre él.

La chica, me trataba de hacer la plática, yo la evitaba, llevaba algunos libros que quería terminar de leer, uno de esa saga de vampiros, cuando los vampiros eran gente respetable y uno sobre unos tipos que van con un mago a buscar un dragón, que ahora es muy mainstream.

Así que tres cervezas después me fui a dormir.

El día siguiente desayuné, la chica no estaba, me atendió un chico frances, rubio, muy quemado, parecía que el mandaba en el lugar, pensaba en toda esa gente que se quedaba atrapada en la playa, por gusto, por inevitabilidad; un par de huevos, un jugo de naranja, café, fui a caminar al sol, caminé hasta el extremo poniente, o algo así, de la playa, nadé un poco y revisé la parte de la playa donde nadaría.

No voy a relatar el intento frustrado de suicidio por un banco de peces enorme y una corriente de agua y finalmente una arrastrada suprema por parte de las olas, no hablaré de los raspones en la cara, nos vamos directamente a 4 días después, cuando finalmente me abrí a la chica mesera.

Ella dormía en una hamaca, me parecía horrible, por la mañana seguro tenía irritaciones por todas las piernas y hombros, trabajaba todo el día, empezando casi al medio día y al final, ella y otros tantos chicos atrapados, se juntaban con turistas que tenían para pagar cervezas y marihuana, los había observado mientras leía, se iban haciendo amigos de los que atendian y después les decian quien les podía vender y al final armaban fiestas en la playa, todo pagado.

Entre esos hippies estaba uno que había sido su novio, en una noche en la que quedé muy tarde leyendo, llegó un poco devastada y me comenzó a contar su historia, y aquí viene la parte de la que quiero hablar en este texto.

El robo.

Ella llevaba seis meses viviendo en la playa, seis o siete meses antes, ella trabajaba en el negocio que tenian su hermana y su esposo, alguna tienda de ropa o algo, ella atendía y llegaba el novio por ella antes de salir, en una tarde en la que hubo una particular buena racha de ventas él le dijo; saquemos todo el dinero y vamonos.

A ella no le pareció mala idea, eran cerca de 20,000 pesos, supongo que les pareció mucho dinero en ese momento, cerraron, buscaron sus cosas y por la mañana se irian, así fue, huyeron y unos días después estaban en la playa.

Todo iba bien, había amor y dinero, por unas semanas eran esos que pagaban cervezas, sobre todo el tipo cuando se trataba de extrangeras, y poco a poco se fue terminando el dinero y el amor, ahora ambos trabajaban para pagar el hospedaje, una hamaca, aunque el tipo se perdía en cabañas con extranjeras, y la comida.

Entonces ella harta de su libertad, llamó a su casa, unos tres meses después, por supuesto no esperaba que hubiese un drama de proporciones épicas, primero la desaparición, una vez confirmado que se había robado y escapado a la playa, el padre estaba indignado, la hermana estaba que no quería saber de ella y la madre siendo un poco más ecuanime, le dijo que lo sentía mucho, pero que había una orden de aprensión por robo para los dos, que la hermana, el padre y el cuñado no querían saber nada de ellos y que mejor no regresara.

Desde entonces estaba ahí atrapada, viviendo al día, viendo como el exnovio la pasaba bien haciendo amigos y tomando de ellos, ella hacia lo suyo, pero se le veia agotada.

Una noche antes de regresar y dar por no exitoso mi intento de suicidio, viendo que las heridas estaba mucho mejor y mi animo y piel bronceados, ella me dijo que le ayudaría mucho leer, que vio que llevaba varios libros, y que si se los regalaba, además llevaba un par de cobijas delgadas y también me dijo que si le regalaba una porque estaba harta de la hamaca, le dije que se las dejaría encargadas por la mañana con el extranjero bronceado, salía yo temprano, antes de que ella se apareciera, no lo hice, empaqué y tomé mi camión de regreso.

Nunca supe de ella, cuando he ido no la podría identificar, su cara no es algo que pudiera recordar.

Y sí, el dinero que dejé a la vista desapareció junto con una camiseta.

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