Las Salvajes Rimas.

Me gusta comer higos congelados, grandes y maduros, muerdo un pedazo y dejo que se descongele en la boca, al final lo muerdo y tengo una sensación de higo. No se puede tener un momento más feliz.

Era el último de la alberca, el último horario y no había demasiada gente, el carril era para mi solo, por lo que podía nadar sin interrupciones, busqué las cosas que me hacen no detenerme cuando nado, rancios recuerdos, nada, sólo queda que nade porque no hay nada que hacer durante la siguiente hora, me duelen los hombros y el recuerdo de la asfixia de la noche anterior me hacen respirar con dificultad, trato de hacer 5 brazadas por brazo sin respirar, tal vez eso me calme, no, no puedo, sigo nadando.

Cuando salgo de la alberca hay un higo, sobre un recipiente, tiene una textura rara, lo toco y está congelado, es para mi, está entre mis cosas, no hay nadie alrededor, quizá el maestro desde su lugar, un par de señoras aun en la alberca en sus flotadores, repasando las cosas del día, ni siquiera me voltean a ver, nadie, no parecer haber nadie.

Sé que no debería pero lo muerdo, no puedo masticarlo por la sensibilidad de mis dientes, ese sabor dulce, se llena mi boca de dulce higo, se siente tan fresco después de nadar.

Me voy al vestidor bajo la alberca, me gusta, un tanto solitario, un tanto menos ruidoso, me doy un regaderazo, se siente tan bien el agua helada de la noche que ha refrescado ya, paso la toalla por mi cabello, no me doy cuenta que alguien pasó por detrás. Termino de secar el cuerpo, me pongo la ropa, mis botas negras, un pantalón gris y una camisa un tanto más clara en gris también, en ese momento doy una gran bocanada de aire, me estiro y el dolor de los hombros tiene una sensación agradable, con el aire aun dentro me enredan con mi propia bufanda el cuello, no hay forma de que salga el aire, ni entre, estaré vivo un poco más de tiempo por todo el aire que aspiré, es más fuerte, mucho más fuerte que yo, me llegan recuerdos, siento un par de lagrimas en las mejillas, siento esa sensación de asfixia, tan parecida a la que sentía al no poder respirar dentro de la alberca, la cabeza, duele, vienen recuerdos, de verte, de olerte, de sentirte, no sé me habría gustado verte antes de morir, de decirte que no había nada más delicioso que comer higos congelados después de nadar.

*Las Salvajes Rimas, título sacado una descripción en un texto de Carlos Shue.

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