Sobre los días perros.

La República de Mauritius en Port Louis, es el punto más lejano desde la Ciudad de México.

Podría irme hasta allá, sabiendo que de lo que huyo desde hace varios años me alcanzará de alguna manera, podria dejar que los días de perros me dejen seco, quemado sobre la arena.

Llevo el luto por muertos que nadie recuerda, suicidas románticos, uno me decía, al menos no me olvides tan pronto y has lo mismo cuando llegue tu momento, nunca llegará ese momento, creo. Llevo el luto por muchos muertos que seguramente ni ellos mismos se recuerdan.

Esa pulsión de pertenecer a algo, a algo que nos haga creer que la vida sirve para algo, la vida no sirve para nada, lo que sirve son los inventos para hacerla útil de algún modo.

La estrella perro indica los días de calor, la canícula se mete hasta los huesos.

Ya estamos en los días perros, las estrellas Sirio A, Sirio B y Sirio C serían las que controlarían la personalidad, si es que el movimiento del universo nos influye, los días de calor, los días en que podría dormir y no volver a despertar, no, es necesario que el poeta viva, un poco más.

En este momento mi posición es el centro donde estuvo Sirio hace millones de años, si es que existe una posiilidad de establecer un punto de referencia, estamos tan perdidos como esta tierra, como este sistema solar, como esta galaxia, vagando a algún lado, a algún agujero negro que partirá este melón en dos.

Y así la tristeza veraniega, no hay causa, uno se sienta y no hay nada que sustente la existencia, ni amor, ni pesar, ni objeto, Podría aferrarme a algún Dios fetiche, a un objeto con una proyección de lo que me tiene podrido, podría ser, pero no, tampoco los Dioses sirvieron para algo, nada de lo que inventamos tiene la eficacia que esperamos, si no, nada fallaría, nada, y me refiero a nada, relaciones, inventos, construcciones, nada fallaría y sería todo tan eterno, pero no, todo es una aproximación, a veces cercana, a veces lejana, de lo que en la cabeza es perfecto.

Y con eso proyecto los pantanos de cuervos podridos que hay en mi cabeza, esa demencia fingida que me saca del aburrimiento de la vida común.

No hay demencia, sólo un juego, no hay obsesiones, sólo necedad.

Han llegado los días perros y no hay nada que hacer, sólo esperar que la lluvia baje tibia, llegar pronto a casa, dormir y esperar que la muerte por fin se lleve todo.

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