Sobre bailar con las ventanas abiertas.

Cuando era un preadolescente, tenía una vieja grabadora de mi abuela, me la prestaba para escalar (no había escaleras) a la azotea y sentarme horas a pensar nada. Mis padres compraron una grabadora de doble cassete, me gustaba porque si presionabas a la mitad el botón de grabación, se conservaba parte de la canción anterior, así, mezclaba mis casettes, o mis viniles que pasaba primero a un casette.

Desde entonces buscaba la mejor combinación de música para bailar, quise estudiar ballet de pequeño pero no pude, como tampoco pude ser militar, ni asesino en serie, de cualquier forma me gustaba bailar.

En una ocasión bailaba, saltaba por la casa, me gustaba saltar del sillón, inclusive consiguiendo una fractura en algun lugar entre la falange proximal y el metacarpo del dedo medio de la mano derecha (si abro y cierro el puño lo pueden escuchar), como sea, bailaba y entonces una carcajada interrumpió mi frenético baile, mis primos se asomaban por la ventana, creo que llevaban un rato y se reian mucho, me enojé, cerré la ventana y creo que desde entonces no hablo con algunos de ellos.

Hoy bailaba con esta canción, sólo con la toalla puesta, la ventana abierta y pensaba en esas ocasiones en que los vecinos en un modo aun más agresivo que sólo burlarse, querían juntar firmas para pedirme que me fuera del edificio.

Y sólo se me ocurre algo que dijo Jorge en una junta de vecinos hace muchos años cuando decían que estaba prohibido jugar videojuegos en la noche.

Ni modo que uno no viva.

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