Sobre el futuro de la comedia romántica en el Distrito Federal de México. 

Entonces las historias no se completaron, no era posible encender un cigarro en la pista de baile, ni siquiera usar el cigarro como pretexto. 

Tampoco es posible ir sobre Reforma a 100 kms por hora para llegar al aeropuerto, y decirle que no se vaya. 

No podrían besarse en un alto, las cámaras aplicarían multas, no podrían correr sobre la plancha del zócalo porque está prohibida como espacio público, no podrían caminar sobre Reforma porque todo es un mercado temporal. 

No podría correr tras él porque lo detendría un policía por correr en un centro comercial. 

Entonces no importó.

Le ofreció un cigarro en medio del bar, los sacaron, caminaron bajo la lluvia torrencial y se besaron, llegaron a su hotel, se despidieron, tomó el taxi y él buscó su auto, mientras veía las fotos que se tomaron juntos, dio vuelta en U sobre el retorno cerrado frente a antropología, tiró la barricada que puso la policia, se fue por Reforma a 100 kms por hora, respetando semáforos, claro; siguió y sobre avenida fray servando, marcó, no entraba la llamada, siguió manejando, llegó a la terminal, corrió, eludió a los policías y justo antes de que llegara al detector que separa a la sala de espera, gritó “no te vayas”

En ese momento, tres guardias le apuntaron, se paró en seco.

Él no escuchó, traía los audífonos y escuchaba la canción Júrame, versión de Ely Guerra. Y se prometió pensar en el momento que se conocieron. Nunca se volvieron a ver y poco a poco dejaron de recordarse. 

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