Sobre la perdida de una cartera.

Absurdo, durante las última semanas pierdo todo, tarjetas, amistades, hombres, generadores de códigos y bueno, perdí la cartera, tenía documentos viejos viejos, la cartera también me había durado varios años sin necesidad de “querer una nueva”, tenía fotos de mis sobrinos, pero todo el resto de la vida estaba ahí.

La perdida fue un tanto absurda y me ha causado una desazón a niveles épicos, ya saben, mi poca tolerancia al fracaso.

En fin, lo primero fue revisar las tarjetas, que no sacaran una bici a mi nombre, que no se acabaran los tres pesos de crédito de la tarjeta y que los puntos del cine no se agotaran, después viene la parte donde empiezo a pensar en los trámites, licencia de conducir y credencial de elector, qué pereza, imagino las filas, al sol de mayo, las fotos donde salgo todo mal, la pérdida de la perpetuidad de la licencia de conductor, los puntos perdidos en mi tarjeta del cine, en ir a pasar el dia esperando reposiciones.

Pero todo ha sido más sencillo de lo que esperaba, las cosas se van, se terminan, es más sencillo de lo que parece. Extrañare, ¡por supuesto!, el dinero, que tenía en efectivo para pagar el teléfono, el gas, el celular y la cena de ese martes, ni modo, la vida es dura.

Eso me molesta un poco, si encuentro una cartera la dejo donde la vi, si de plano veo miles de pesos asomándose tal vez los saque y me vaya dejándola, aunque siempre evito tocarlas, ¿qué le costaba al que la encontró sacar el dinero y tirarla al bote de basura?  en fin, después de agotar todas las opciones de búsqueda me he resignado.

Sobre la pérdida.

Entonces reflexiono sobre la pérdida. Recordando lo que me dijo mi padre en una de nuestras peleas épicas.

“Ya perdí a mis padres, a mi hermano que más quise, están muertos, que tu dejes de verme no importa, como todo, la vida sigue y pues no creo que me duela más”

Y entonces me doy cuenta, no acepto la pérdida por comodidad, por esa pereza a empezar de nuevo, a intentar entender las dinámicas de lo nuevo. Es agotador en algún momento, pero uno se vuelve más simple, minimiza.

Así, tengo una nueva cartera, regalo de mi hermano, licencia de conducir, tarjeta para bicicleta pública y tarjeta para el transporte, ya no meto más cosas y creo que no necesito nada más, lo que se pierde como efecto colateral se va olvidando. Un día te topas con alguien-algo y dices: “claro, eso lo tenía en mi cartera”

Así un día tal vez no recuerde la foto de mi licencia, ni las fotos de mis sobrinos en la cartera, ni que la gente está tan jodida que no puede devolver una cartera aun vacía, ni que la gente no te puede decir que está harta de tí, de tus apocalípticas obsesiones, que aun te guarda y te guardará rencor, que las cosas se acaban, que se pierde la cartera que las cosas hay que dejarlas ir.

Total, ya perdí al amor de mi vida, varias veces y en varias ocasiones siendo ellos varias personas, ya perdí al emohipster y al LB0 -obvio no cuentan como amor-de-mi-vida, sólo como obsesiones-, ya perdí a mi mejor amigo, que se ha ido a Canadá hace ya más de 15 años, perdí a los outsiders con los que pasaba tardes intentando aprender a treparme a una patineta, a los tres amigos que haciamos las tareas, a la gente que se juntaba en las jardineras en la superior de ingeniería, a mi abuelo.

¿Qué tanto puede dolerme perder una cartera?

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