De como el tiempo se viene encima.

El tiempo se viene encima, veo la película de Almodovar, Julieta, siento que tiene menos referencias a sus obsesiones, ya ha pasado demasiado tiempo, no sé si pensar que la historia requería muy pocas de esas secuencias que en La flor de mi secreto hasta La piel que habito eran enormes, tal vez porque requiere ser una historia sencilla.

 

Cada vez pierdo más la posibilidad de tener un texto concreto, me voy de un lado a otro, antes escribía más, describía lo que sucedía, lo que sentía, ahora me parece un tanto burdo, tal vez porque ya las cosas se hacen menos lacerantes.

 

Tuve tres intentos de escribir un relato muy largo, dos de ciencia ficción y uno de una de mis obsesiones más persistentes y destructivas, total que ese personaje se volcvió triste y soso como eventualmente la persona de la que estuve obsesionada. Todos ellos resultan ser tan humanos, tan tristes.

 

Y ahora es más claro, hay gente que se queda, no entiendo lo que llaman amor, entiendo que existen personas con las que pasas un buen rato, los escuchar hablar y comparten cosas, hay gente que procrea y crea lazos, hay gente que tiene sus lazos con progenitores y progenie, gente que trabaja junta y gente que no está sola. Sucede que con las cosas vivas uno siente empatía y la llama cariño.

Pero todas esas cosas suelen terminarse.

Hay algunas personas que insisten en mi edad, en que soy inmaduro y no sé que tanto, no sé. Me preocupa un poco más que mejor se vayan al carajo. Me preocupa un poco más que conforme acumulas experiencias las cosas importan menos.

Hay un terrible momento de ruptura, no explicaré más el asunto, la mayoría lo sabe. Lo que me quedó claro de todo eso era resignificar a la gente, entender quien era obsesión, quién fue eso que llaman “el amor de mi vida”, quienes, quien fue sólo un acoston olvidable y quien fue pasar el tiempo, hacer cosas, no estar sólo. Y claro, está quien debe irse.

Una de las personas que menos me soporta dijo alguna vez, “te puedes suicidar y la gente que crees que la pasará mal eventualmente lo superará, no eres tan importante como piensas”, una de mis obsesiones dijo que lo mejor era que me suicidara.

No importa la muerte, pues a los muertos no les importa nada, pero pensé, si me importa pues estoy vivo y pues qué le hacemos. Que se mueran ellos, yo qué.

Tenía que escribir varias cosas, aunque todo junto no tenga sentido.

El tiempo pasa, siguen extinguiéndose las especies, seguimos pensando que somos diferentes a esos humanoides que depredan, se reproducen y justifican sus exterminios, no tanto, sólo que nosotros sofisticamos aun más esas pulsiones.

El futuro prometedor no promete más que destrucción, depredación y eventualmente extinción.

Lo único que parece perdurar es que es viernes, que salgo del cine, solo; que tomo un café, que tal vez llegue a casa a tomar una botella de vino y dormir, o intentar dormir.

Llegaré a casa  y tomaré la máquina de escribir, la misma historia escrita tantas veces, tantas veces destruida, será en un formato de carta un nuevo intento.

Y planeo que inicie así.

“un día te escribí porque mi auto no encendía, sabía que no debía hacerlo pues acordamos no volver a saber nada de nosotros, pero era inevitable que teníamos que seguirnos viendo hasta que esto, que no sabiamos que era, se convirtiera en un rencor sempiterno”

 

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