Chau Mein de Cerdo.

La última vez que comí en este café chino, en Revolución, fue cuando salía con UnTalEder, una de las últimas noches en Revolución 110 pasé por comida china antes de llegar a su casa, desde entonces nunca he vuelto a cenar aquí. Hoy no había grandes cosas que hacer para cenar así que dejé el auto donde solía dejarlo cuando me quedaba con él y me metí a cenar un Chau Mein de cerdo. Creo que aquella vez pedí el chau mein de res y un arroz, mixto.

Y no es que lo extrañe, tal vez sólo me gusta honrar los momentos buenos que pasamos juntos. Y no sólo de él, los momentos con otro chico comiendo guacamole en cama, los momentos en casa de uno que me acostumbró desayunar siempre que puedo una tostada con mermelada de frutos rojos. Con otro intenté ver varias películas, sin éxito, nos quedábamos dormidos, caminábamos y hablábamos de fotos (a él si lo extraño, y chingos). Lo que acumulas con la gente son momentos, y eso me queda de ellos, el recuerdo de los momentos.

Una vez me estaban convenciendo de que “no le hacía gracia a nadie con mi obsesión” mucha gente comenzó a ignorarme, a evitar el tema, a borrar los mensajes antes de leerlos pues sabian que hago referencia la obsesión recalcitrante por alguien. Pero cada quien hace lo que quiere ¿no?

He dejado de sentir hace años la opresión en el pecho por él,  aunque aun la siento por alguien más, por otras cosas, por otros momentos. Aún pienso que a pesar de lo poco que duró, de lo destructivo que fue y de lo ruin que fuimos uno con el otro, estuvo bien, no regresaría a cambiar eso y honraré ese recuerdo ahora que empiezo a perder todos los otros recuerdos.

Pedí un té de jazmín.

Y siento que es de estos pocos lugares que aún son la ciudad que me gusta, donde puedo esperar que el té se enfríe, debo esperar mucho a que esté la comida y no hay un mesero recordándome que debo irme pronto, que ya quiere limpiar la mesa, que ya quiere su propina y dar la mesa a otro cliente. Quedan pocos cafés donde uno se pueda sentar a escribir y ser ignorado por un rato,  aunque llegó el Chau y olvidaba que es un plato para dos personas. No importa, lo puedo comer mañana en el desayuno.

Uno puede odiar a la gente pero debe apreciar los recuerdos, te pudre el alma odiar los buenos recuerdos.

A la gente le gusta recordarme mi edad, cosa que me tiene sin cuidado. No han cambiado las cosas mucho desde viernes en que le dije a mi papá que me quedaría ya en mi departamento. El edificio aún  estaba vacío y no tenía cortinas, me dormí en una vieja bolsa de dormir y mientras miraba el techo y me sentía más adulto. Aunque suelan decir que no me llega la hora de madurar. No hay prisa. Con que el cuerpo funcione y las cuentas se paguen todo está bien.

Además siempre recuerdo cuando Isabel le dice a Orlando, no marchites, no envejezcas Orlando.

Creo que envejecer es mirar con recelo los momentos. Y me gusta aún despertar y escuchar los pájaros en la calle, estirarme, poner un poco de música en lo que voy olvidando lo que soñé, o repasando las imágenes de los sueños, recordando cómo unos gusanos espinados en una rama se atoraban en mi cara, arañando todo.

No me voy a acabar todo esto. Lo pediré para llevar. 

Y hay quien se siente abrumado y lo mejor que puede decir a la gente es que me ignore.

Pero pues uno no ignora lo que quiere y lo que sintió, debe honrarlo. Si no, no vale la pena ni salir a la calle.
Así entonces cuando pase frente a revolución 110 pensare que alguna vez nos mirábamos antes de dormir, que se hacía el dormido cuando me iba, que salíamos de la ciudad y hasta ahora entiendo por qué, que me enseñó, dentro de toda su ignorancia y simplicidad muchas cosas. Que a partir de él llegaron mejores personas. Que ahora único claro es que me queda más claro que las tres o cuatro relaciones han valido la pena, que las cuatro o cinco obsesiones me quebraron la cabeza pero también crearon revoluciones. Todo es más claro ahora. Y por eso puedo venir, pedir un Chau Mein y pensar en la última vez que sentados en su cama escuchábamos Video Games, de una fulana llamada Lana y que comíamos arroz chino.
Es todo lo que nos queda.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s