Voy a escribir sobre secuencias virales.

El elemento viral endógeno aun no sabe quien soy, lo saludé, antes de que mutara vida en ese organismo, antes de que las ribosondas detectaran las secuencias y fuera un híbrido cuya polimerización en cadena lo hiciera parecer  más humano. Replicamos los virus endógenos y nos ensamblamos sobre las proteinas estructurales de un abismo insondable.

Pasamos por sucesivas generaciones de peleas inmodeficientes y una vez transcritos en reversa, dejamos  ARN en células infectadas, dejamos un rastro, dejamos de querernos.

Retrovirus y copias.

Partículas víricas, dualidad partícula-onda.

He muerto Romeo, he muerto, dice Julieta.

Secuencia viral por un lado y plásmidos por otro lado. La pelea en Dinamarca ha matado a toda la familia y el viejo Hamlet y su vástago son material genético insertado con el resto de los sucesos, muerte, venganza, locura, muerte, el ciclo se repite hasta que la célula infectada es una célula sana y la proteasa rompe la poliproteína dentro de la propia partícula viral y esas nuevas moléculas que surgen son el veneno que bebe Gertrudis.

Patético, insufrible.

Cada receptor celular espera un virus con un ARN que haga creer que estás ahí, mirando, mientras lees, mientras la ventana está abierta y entra un poco de sol. (Una secuencia que tengo en la memoria repitiéndose)

Carcinoma hepatocelular primario, tirado en la calle, esperando que el mareo termine, esperando que la vida termine.

Proteinas codificadas y la persistencia viral. Los genes endógenos son silenciados.

Un último beso contaminado con HSV I, hospedo en mis labios ese beso, ese último recuerdo. Replicación primaria, las defensas inmediatas permiten el paso, el recuerdo contaminado engaña a los fagócitos, se va hasta el cerebro, se contamina todo recuerdo, muta, se convierte en todo lo que sentí en ese último beso, te transcribes en necrosis del encéfalo, los lóbulos temporales, las ínsulas y la circunvolución (Amo esa palabra) del tejido calloso.

Circunvoluciona es una palabra que merece su propio parrafo.

Meningoencéfalitis difusa, entonces derivamos en demencia, en que ya no sé quien eras, ya no sé qué soy, ya no sé cuando podía volar ni cuando debo cuidarme de la lluvia.

 

Y esto está escrito para Fernando.

 

 

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