Viernes e hijos. 

Los hijos que no hubo, la primera mordida a una hamburguesa de carne y queso de cabra. Doy un trago a la copa de vino espumoso. Demasiado tarde para tener hijos, para buscar alguna clase de ancla irreversible e incondicional. ¿Cuáles serían las condiciones para ese efecto? ¿Sería padre soltero que gastó en una madre de alquiler en lugar de conciertos, viajes y una retahíla de objetos estupidos que ahora ocupan mucho espacio en ese departamento para una sola persona? Sería tal vez padre con una madre a la cual me une un contrato y nada más, qué tal ves estaríamos en casa preparando la cena, contándonos de nuestros intentos de establecer una relación con alguien más, mientras el hijo hace la tarea, ella saldría ciertos días y yo otros, no llevaríamos a nadie a casa y el corazón hecho pedazos no podría mezclarse con la educación del niño, o niña. Sería tal vez un padre que a veces ve a su hijo cuyas madres vigilarían todo contacto y relación o tal vez no lo permitirían. Podría ser un padre que sabe que en algún lugar hay un hijo, que no puede buscarlo y no puede verlo, ficcionando las múltiples vidas que debe llevar, si heredó algo en especial, si se parece a sus abuelos. 

Sin embargo fue algo que nunca me ha interesado, tal vez ahora, que creo que puedo involucrarme en la cría de mejores humanos y no se puede, tal vez cuando veo a mis sobrinos pienso qué tal vez yo habría sido distinto, tal vez habría tenido más sentido todo, todo eso que no me importa. 

Pero no importa, eso ya no fue.

Doy la última mordida, hay un poco de queso de cabra junto a los molares, lo busco con la lengua, me saboreo los restos de salsa de habanero. 

Las parejas que nunca tuve. Y no es que no haya salido más de una vez con alguien, tengo algunas relaciones de las que puedo recordar cosas buenas y que me habría gustado fueran de esas relaciones formales, pero eran salidas, dormir juntos, pasar el día juntos, jugar videojuegos, ir al cine. Pero siempre se mencionaba que no era una relación. Tal vez sí, pero no una relación de esas que nos muestran, salíamos, dormíamos, pasábamos el tiempo juntos. 
No sé si pedir otra botella de vino. 

Creo que lo mejor será ir a casa, poner agua a las plantas, recoger la ropa y poner ropa limpia a la cama, ha sido un verano difícil, y estamos en otoño. Ya todo es más nuevo. Por supuesto extrañaré mucho de lo que se fue. Pero qué más da, nada es para siempre y como dijo una vez alguien, esto no significa nada. Las relaciones también son una ficción, pero son una ficción más peligrosa porque dependen de más de uno. Así que si no hay coherencia en la forma no hay sentido de esa ficción. 

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