Un señor de negro y la astilla de una costilla.

A veces nadamos 50 metros a velocidad, o hacemos rutinas más fuertes que otros días, ese día en especial tenía problemas para respirar y me dolía el pecho un poco, estabamos del lado de la salida, donde hay unas bancas donde la gente puede esperar a que salgan sus hijos o  a quien quiera que tuvieran que esperar. Volteé y estaba ahi, sentado en la última fila, vestido de negro, con un sombrero, no se podía ver su mirada pero era una persona mayor, ahí sentado, mirando hacia nosotros. En ese momento sentí una punzada en el pecho ( no sabía que me había astillado una costilla y un pedazo de hueso está enterrado en el músculo, en lo que el sistema lo absorbe, se entierra y causa un dolor fuerte ) y me tocaba nadar 50 metros de libre.

Me puse los googles , el hombre aun estaba ahí y nos seguía mirando, pensé, tal vez es hora de morir y la muerte está esperando a que en los últimos 10 metros mi corazón reviente.

Me preparé para salir, puse el pié izquierdo en la orilla y el derecho detrás, pegué mi barbilla al pecho y miraba la orilla, sentía la punzada, sabía que no debía lanzarme, pero el entrenador dió la salida, la entrada al agua fue sin gracia, sin mucho salpicar, tres patadas de delfín y empezar la brazada, tengo la mala manía de respirar demasiado o no respirar, así que no respiré, daba las brazadas, estirando, pateando lo más fuerte que podía, pensaba en la muerte sentada, mirando, esperando que el corazón se quebrara.

Dí una respiración, entonces el tiempo se alteraba entre lo físico y lo que pensaba, recordé por qué regresé a nadar, empecé a nadar para no pensar en nada, sólo en el agua, en el dolor de los brazos al nadar dos kilómetros, sentir el agua y no pensar en quien solía pensar, no estaba listo para morir, no sin antes hacer muchas cosas.

Había que arreglar la cocina, habría que tirar la ropa que no sirve, acomodar las fotos y borrar de una buena vez todas las imagenes que ya no significan nada -porque las imagenes son de uno, no de la posteridad, no de alguien más, hay que borrar lo que ya no significa- me pregunto si el hombre seguía ahi, si lo habian visto y si sabía que estaba pensando.

Había comida que ya no servía en el refri, había que lavar las sábanas, llevar las cobijas, ¿qué tanto hace la gente con las cosas de los muertos? las revisa, hurga, toma lo que le sirve, tira el resto sin importar. Saqué el agua por la naríz, me dolía el pecho, sentía lo latidos en las costillas.

Pensé que no me había despedido de nadie, pero ya no importa, de todos modos nadie lo hace, la gente se muere y le gusta decirle a la gente que no la olvide, la gente se muere, se hace recuerdo, me pregunto si así como aparece un hombre de sombrero negro, aparece alguien que me borre del recuerdo de la gente, ¿el hombre se acercará a la alberca y me hará estallar el corazón? ¿será que el corazón se detiene y el sólo recoge el despojo? ¿Será que sólo se acerca a ver y decirle a la gente que va a morir? ¿lo habrán visto los otros?¿será que llevo 5 segundos sin pensar en nadie, en nada, sólo en mi muerte?

Después de cuatro años de empezar a nadar, por primera vez no pensaba en nada, ni en nadie, ni en las guerras que tenía pendientes, ni en mis muertos, ni en los besos que quemaban más que el sol, pensaba en las cosas que olvidé finalizar, y que no finalicé nada.

Vuelta de campana.

El corazón estaba libre, el recuerdo estaba desocupado, di una gran bocanada de aire, y agua, tosí dentro del agua, volví a respirar, fuerte, comencé a nadar más rápido, estoy a 15 metros de la orilla, el que viene a lado me lleva medio metro o un poco más, estiro más los brazos.

Pensé en mis padres, soñé alguna vez que moriría mientras ellos me decían que respirara tranquilo, que sólo es la muerte, y di otra bocanada de aire, tal vez la última, tardé en empezar a sacar las pequeñas burbujas de bióxido de carbono por la naríz, está bién sólo voy a morir.

Mi mano pegó en la orilla, no gané, no mejoré mis tiempos y tampoco podía respirar.

No podía ni salir, intentaba respirar, intentaba agarrarme el pecho, como si eso fuera a calmar el dolor, comencé a pegar en la pared, estaba mareado, estaba pensando en las cosas que odiaba, en la gente que equivocadamente conocí, pude dar un jalón intentando un bostezo, hice señas para que me sacaran, me pusieron en el suelo y preguntaron si estaba bien, hice un manoteo para decir que estaba bien.

Todo estaba bien. Todo está bien. Todo estará bien.

Me incorporé y miré, el señor de negro estaba ahi, al mirarlo me preguntaron si yo lo había visto también, creo que no era el único que pensaba que la muerte estaba ahí, no se movía, seguía ahi sentado, voltee a ver a las señoras que van a nadar, esperando ver a alguna señora flotanto, exageré un poco quizá.

 

Epilogo.

 

La astilla se absorbió y el dolor fue disminuyendo, unas semanas después tuve competencia y sólo terminé agotado, primer lugar en tres pruebas y segundo o tercero en un combinado, el señor de negro y sombrero fue un par de días más y nunca lo volvimos a ver, y no hicimos alguna clase de censo, mucha gente va y viene a la alberca.

 

Tal vez se murieron muchas cosas y no me di cuenta porque ya no lo recuerdo, y así estamos bien, todos estamos bien.

 

 

 

 

 

 

 

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