Señor J, Señor E, Señor A.

Soñé con dos personas importantes, muy importantes y por lo tanto puedo dejar partir lo que sentía por ellos con mucha tranquilidad, lo mejor era dónde los soñaba, uno en un salón de yoga, dónde más pasamos tiempo juntos, muy amontonado de gente pero la luz era de un atardecer filtrado por las nubes grises de lluvia. Salgo y camino a casa me encuentro al otro, por donde supuestamente vivo en el sueño, él vive cerca de casa así que era lógico apareciera también ahí, el lugar era una calle oscura, llena de basura pero todo era negro, íbamos por un café y alguien nos tomaba una foto juntos, que acordamos no subir a ningún lado. Era el acto de hacer una fotografía que no tendría nunca público.

Soñé también con toda la información que se puede guardar en una jícama.

Señor A me decía que cada que desgarra una garganta no puede evitar sentir cosquilleo en suya. Como si fuera una proyección de lo que debía hacer. Dijo algo de ríos de sangre pero eso no lo recuerdo.

Y al final me miraba en un espejo y miraba a una versión mía de hace 10 años, anegada en psicosis, tal vez como me veía el martes por la mañana.

Y pienso, algo sigue ahí. Alguien me aconsejaba dejarlo salir, el enojo. Lo llamaremos así.

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