Historias tristes de fantasmas tristes.

Los fantasmas no existen.

Durante años revisando las funciones neuronales de cadaveres en clandestinos experimentos en la morgue institucional, nunca se movió nada, nunca se arrastró nadie en los pasillos, nada, los equipos entregaban los registros en la hora que teníamos para analizar cadaveres recien llegados previos a su autopsia, nada, no hay nada en el edificio de los muertos, sólo datos en cerebros que parecen funcionar durante unas horas más, señales débiles y sin coherencia.

Después, caminaba por los panteones, viendo las tumbas, lo que la gente hace para no olvidar, uno recuerda pero hay que revitalizar ese recuerdo, esa anecdota, la gente se dice a si misma lo que le dice a los muertos, pero no hay nada que escuche eso, sólo la misma persona, que puede tener paz consigo y el recuerdo.

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Los fantasmas que caminan entre nosotros.

Entonces sofisticamos un poco el asunto, los fantasmas son los seres vivos y los que se han ido, muerto, desaparecido, los procesamos como cosas inexistentes que queremos que existan, no hay muertos, mi abuelo no está en el fondo de cada callejón mirando, los fantasmas son la gente de la que nos solemos acompañar, hasta que ya no hay cosas en común, el deseo es superado por otras cosas, caducidad, las relaciones tienen fecha de caducidad.

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Comencé a intervenir las fotos que tendría que destruir, pero no podía terminar de meterlas todas en un triturador de documentos que está en la oficina en la que trabajo, menos aun porque habría que justificar documentos externos que van a trituración e incinerado, lo más sencillo era tomar las tijeras, o lo más sencillo era cubrir a la gente que eventualmente voy a olvidar. Lo que no tiene sentido.

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(Uruapan 1997, ¿Y toda esta gente quién es y qué sentido tenía consevar esa foto?)

Cuando uno muere y quiere ser el fantasma de alguien

Pensaba, cuando muera todas estas cajas de fotos serían revisadas, la historia de la familia, por los que ahora son los más jovenes, entonces pienso, qué tal que no les importa, son sólo cajas llenas de fotografías de un extraño sin descendientes directos, entonces, a excepción del registro familiar, hay que destruir todo lo que hable de los momentos personales, cuando muera nadie hablará de nada, no habrá quien revise esa cajas, de 18 cajas, ahora sólo hay 4, una debe guardarse y el resto debe ser incinerada, sólo las abriré de vez en cuando porque esa es una de las razones por las que hacemos fotos, recordar lo que se ha ido; nos gustan los fantasmas, me gustan los fantasmas y me visto como uno.

 

Este tipo de cosas le dan sentido a la existencia, pero también la existencia es una serie de ideas, de acumulación de tiempo.

Pienso en los fantasmas tristes de Guillermo.

 

Bueno, ni modo. Así es esta sofisticación de la existencia.

 

Luego están los fantasmas en la red.

Internet es una red que utiliza la tecnología basada en los protocolos TCP/IP, permiten que varios fabricantes, distintas tecnologías puedan conectarse adecuandose a protocolos, eso permitió esa cosa en la que obtenemos y guardamos datos, trillones de bytes, deambulando, estupideces sin sentido, datos personales para marketing, datos personales para estudios gubernamentales, imagenes de nuestro pasado, todas las fiestas de ayer, fantasmas que dificilmente serán enterrados entre tantos datos.

 

O quizá sí.

¿Qué tan facil será desaparecer los datos sobre mi existencia o la existencia de alguien?

Hay correos con fotografías, en algún lado están mis aplicaciones para galerías, exposiciones, concursos, los mensajes enviados a través de distintas redes sociales.

¿Cuánto tiempo me podría llevar desaparecer?

Borrar cuentas, eliminar fotografías, destruir discos duros, dañar arreglos de discos en SAN donde sé que habría datos mios, colapsar todo.

Ahora bien, no importa, uno tendría que desaparecer rápidamente cuando 5 trillones de bytes entierren los datos de ayer, de antes, donde los sistemas FIFO borren los datos no consultados en más de un año.

Nadie hablará de mi cuando haya muerto. No seré el fantasma de nadie. No seré el fantasma de nada.

 

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Derechos reservados. Blah blah Blah

Fotos y texto de Guillermo Eduardo Martinez.

 

 

 

 

 

 

 

 

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