Ocular

Debe sacudir su ropa antes cambiarse y sacudir su uniforme para asegurarse que no lleva pasajeros extra.

Alguna vez debajo de el sillón vivió una larva de moscarda azul, creció y voló por la ventana, se sorprendió pensando qué habrá usado como comida la larva, desde entonces revisa bien no llevarse alguna larva, pero esta vez se le pasó y se talló el ojo dejando un huevecillo que se había quedado embarrado en su traje anticontaminación.

Sintió una ligera molestia en el ojo, pero se fue a dormir, la larva comenzó a crecer, pensó qué tal vez se había infectado con algo pero cuando comenzó a moverse la pequeña inflamación no hubo duda, llevaba un polizón en el ojo, pudo entrar en pánico, pero si ni siquiera lo hace cuando encuentran un cadáver que recién ha estallado de gusanos, dependiendo la larva sería el peligro, pero no había estado expuesto a la saltarina larva del la pyophila casei, así que pensó sería una hermosa calliphora vomitoria o una lucilia caesar. Lo que era fácil para él, era convertir una idea en una pesadilla psicótica, evitó tallarse, se lavaba con cuidado y revisaba que todo estuviera dentro de las normalidad, el ojo no presentaba daño, pues estaba en el párpado, a los seis días lo despertó el dolor y la sensación de alivio. De alguna forma la larva había salido del ojo, pero no la veía por ningún lado.

De la misma forma en que cuando su última pareja lo hizo mover cada mueble de la casa, la larva generó la misma movilización. Sacudió con cuidado la ropa de cama, nada, movió el colchón y nada, movió los muebles de la recamara con cuidado y no aparecía por ningún lado, buscó en todo el departamento, nada, ocasionalmente se topo con una mosca doméstica a la que pensaba sería una curtonevra stabulans, pero no, o quizá si, búscaba una mosca metálica en todo caso.

Eventualmente la idea se fue de su cabeza, así como la hinchazón y malestar en el ojo, sin embargo cuando veía en su trabajo habitual moscardas las miraba pensando en su mosca, y desde entonces tiene la costumbre de llevarse una ninfa y dejar que volara libremente por su casa, cuidando de no dejar comida que pudiera llamarle la atención, al final se iban por la ventana cuando percibían el olor de la comida de algún vecino, se sentaba y las miraba volar, o sólo las escuchaba y cuando todo quedaba en silencio volvía a pensar en la mosca de su ojo.

Nunca se dió cuenta que la larva se quedó en su ojo, arrastrada por la curiosidad, se movió por detrás del ojo, quedando atrapada en una fisura, murió y pronto fue encapsulada por el sistema inmunológico y se fue disolviendo.

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