Resilencia. I – Sin hombres, sin mujeres

Empezó el fin de la década, ya quedando clara la discusión sobre cuándo termina la década y cuando no.

Apenas unos días antes caminaba en unas calles sin hombres, la marcha feminista pedía que los “aliados” se mantuvieran al margen, tenía algo que hacer en artículo 123 y decidí ser un invasor caminando en las avenidas principales llenas de mujeres, tranquilas; no parecía que todas esas pintas fueran hechas ese día, pedí permiso a una chica para tomar una foto, porque todos queremos una prueba de la existencia de los eventos y seguí mi camino.

Cambiar la sangre por la vida, pensé al ver esta bandera.

Más adelante encontraba a uno de esos turistas, amigo mío, vestido para la ocasión, ropa cómoda y un pañuelo morado al cuello, mirando, haciendo fotos, también hice una foto, frente a un monumento resguardado por soldados, lanzaron algo pues mi garganta picaba, tomé agua y me alejé.

Turismo en el activismo

Al día siguiente sucedía algo distinto, las mujeres abandonaban las calles, un ejercicio de desaparición, de feminicidio. Y era una situación distinta, por supuesto se hablaban de perdidas, la cultura patriarcal hacía chistes o era condescendiente con “el movimiento” pero se sintió de alguna manera esa ausencia que día a día viven las familias que pierden a alguien.

Entonces lo que era una noticia lejana se hace más fuerte, la epidemia se expande y está alcanzando niveles globales, se recomienda comenzar con el aislamiento, sin embargo se ignora y se intenta desatender la recomendación, incluso conforme va creciendo el número de muertos, en esos días se discutió la idea de empezar a trabajar desde casa, se terminaron algunos asuntos en los que era necesario presentarse con algunos clientes y nos fuimos preparando para el encierro.

No fue complicado, 2009, 2017, en esos días seguíamos la operación de forma remota, lo complicado es cuando debe detenerse todo, los accesos remotos se complican pues hay que acceder remotamente desde varios puntos, varias tecnologías y con toda la seguridad que se requiere, un momento emocionante pues la tecnología se pone a prueba, quizá estamos listos, quizá no.

Fui al bosque de Chapultepec, había mucha gente, subí al castillo y había controles que revisaban mochila y estado de salud, subí, tranquilo, estuve recorriendo el castillo, intentando recordar todas las veces que he estado ahí, desde que era niño y parecía inmenso. Me estiré, mire al bosque, al castillo y las nubes. Caminé por reforma, compré algunas cosas y me fui a casa, empezaba oficialmente mi confinamiento.

El último domingo.

Y así retomo volver a escribir en el blog.

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