>Declive insondable<

Disfraza de defecto su virtud, la suelta esperando halagos disfrazados de razonamientos para contradecir lo que dice, se ahoga en la mentira de un teléfono que le muestra lo que quiere escuchar, lo que quiere ver, no crezcas, no envejezcas y consume.

El muerto y yo miramos el fin de siglo a través de su muerte y su desdicha, estamos encerrados en el cuarto de servicio de un edificio en la Del Valle, pertenece a una anciana que va de fiesta cada noche. Tiene una botella rota en la mano y dormiré aterrado y él dormirá con la botalla sin soltarla, me pregunto si sonámbulo me habría enterrado el vidrio en el cuello, aun no tengo las marcas de los colmillos de los lobos que habrían de destrozarme el cuello unos años después, ante el regocijo del nuevo siglo que quiere verme quebrado. Él muerto regresa a estrangularme en estos días, mientras duermo, sin éxito.

El siglo que esperaba a fin de siglo, llegó cuando se había consumado la primera décima parte del nuevo siglo. Ya no me emociona como cuando se vislumbraba el mundo adormecido por la máquina de sueños que atrapó a Claire Tourneur, pienso en su máquina de adicción, pienso en la mía propia, la mentira de las relaciones, la mentira de la empatía y la mentira de la comunidad.

Es cierto, la virgen del Apocalipsis esta en la pared blanqueada con cal y sus alas fueron doradas de nuevo, había en ese mismo templo una referencia al santo que uno se encomienda cuando un virus lo consume a uno, apenado, alguien desapareció el nicho del santo y pronto desaparecerá de la memoria, quizá alguien lo recuerde, quizá a nadie le importa.

El cielo se desdibuja, que una tormenta de rayos cuya luz viaja a c y se adelanta al estruendo diez segundos, diez segundos que uno necesita para taparse los oídos y no escuchar ese trueno, 3000 kilómetros a partir de romper la resistencia, el dieléctrico se vence y las cargas se ponen a mano.

¿Recuerdas los truenos que surgen desde el suelo?, dice el muerto.

Mientras por la ventana veíamos golpear los granizos, siempre esperaba que se rompería el vidrio, siempre tuve miedo de los vidrios que caen, una vez durante un temblor, vi el vidrio del piso de arriba doblándose, si no fuera un líquido de alta densidad habrían caído cientos de pequeñas astillas.

Sería como la lluvia si la recordamos con el tiempo a otra velocidad.

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