« ⁂ Analepsis ⁂ »

Estoy escuchando Girl in amber de Nick Cave and the bad seeds. La escuchaba una de esas noches que no dormimos juntos en Medellín, más bien a la mañana siguiente mientras viajaba en el metro esperando recordar cómo llegar a su casa, pensando en el error de haberme quedado donde no, quizá era algo que tenía que hacer, sopesar las cosas a través de perderme una noche. Como cuando le supe perdido la siguiente noche. No terminó bien esa noche.

Pienso entonces, sentado en el parque del poblado con una cerveza en mano viendo los grupos de gente moviéndose, sin distancia y sin cubrebocas, sin que estuvieras cerca.

A veces me ovillaba en baños a llorar. Y las casas tenían un sólo baño, así que dejé de ir a casas de gente a llorar a su baño porque pues qué incomodo no poder ir al baño.

Y a veces no puedo dormir pero he notado que el insomnio y las ganas de llorar nunca llegan juntos, así despierto y miro el brazo, el techo, la luz que se cuela por la persiana.

Las figuras de Lichtenberg atrapadas en la piel de un tipo que se refugiaba de la lluvia bajo un enorme árbol en una loma «lugar común común» , qué pasa si cambias el tiempo en el recuerdo, como si se tratara de la edición de una película. Analepsis ralentizada de la trayectoria de la corriente eléctrica quemando la piel, formando esas figuras, bifurcándose, como cada puta decisión que de todos modos me llevaban al precipicio, los electrones buscan el camino con menos resistencia a la tierra.

Entonces quisiera escribir la vida como analogía a la caída del rayo, a acumular electrones en las nubes «altos ideales» y que en algún momento la carga sea demasiada «Las expectativas» y se vayan al abismo, a la tierra, buscando el camino con menos resistencia, bifurcándose en malas decisiones o buenas, pero al final siempre buscando el camino a la tierra.

La gente recuerda la luz cegadora, el estruendo, la amenaza de ser parte de el camino con menos resistencia y todo se equilibra y se queda en silencio el árbol en una colina, cómo si su único propósito al ser el único árbol que creció ahí, sea ser el pararrayos.

Uno se mira a si mismo muerto, muchas ocasiones, pero ahora siento que quedé atrapado en un mundo de muertos, gente motivada por sus pulsiones, sobreviviendo a ellas.

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