Sobre marcharse…

Casi se compra un bastón, pero las voces decían que era aceptar la derrota, entonces recordó nadar, estirar un brazo y torcer la cadera, intentar alcanzar la otra orilla, nunca ha querido hacer esos maratones en el mar, la única vez que nado tanto fue hacia mar adentro con la intención de ahogarse, unos peces le pasaron por los tobillos, quiso regresar y una ola lo arrastró hasta la orilla; con la nariz llena de sal, arena y sangre, se fue por una cerveza , miró el mar el resto de la tarde, tomando pequeños tragos y escribiendo ideas varias sobre la muerte en una libreta.

Quizá uno no está listo para morir cuando debe hacerlo, o decide hacerlo. Siempre ha confiado en que las voces están detrás del boicot de sus intentos de acabar con su vida, que siempre lo hacen terminar mirando un atardecer, como si fuera una señal de una muerte parecida a un ocaso.

¿Las cosas pueden ir peor?

Depende de qué se percibe como peor: el ataque al ego, el ataque a la estabilidad, el ataque a la ataraxia, el ataque al espectáculo que uno ha creado de si mismo.

Casi se compra un bastón y casi muere ahogado veinte años atrás, después de eso las voces actuarán de distinta manera, quizá un golpe en la piedra, o la sal en el sistema respiratorio…

I gave my heart, suena en el aparato de sonido.

Elton John. Buscaré otra canción de Elton John.

Hace miles de años soñó que estaba en la cama de su niñez, donde estaban escondidos debajo del colchón sus recortes de revistas; en la cama estaban sentados sus padres y les pedía que lo dejaran ir, sus padres accedían y sentía esa calma de ser un despojo en el que detiene el movimiento de la sangre, en el sueño pedía permiso a sus padres para morir y lo dejaban, lo liberan. Entiende que es un intrincado constructo donde él define la culpa de morir al dolor que sentirían los padres.

La angustia inicial es peor que la angustia final, decía. En la primera hay intensa negación y en la segunda aceptada derrota.

Kate Bush orquesta el universo, las mareas y la ascensión de la luna.

Tiene luxado el tobillo y un clavo enterrado en la uña, para ver que se siente, para ver que aún siente, pero es una trampa, el que yace en la sombra lo hace para hacerse presente.

El tiempo es impulso de ancho cero y altura infinita con área igual a uno, entonces en el transcurso de tiempo igual a cero, se tiene la vida entera llegando al infinito. Todos esos momentos acuden cuando lo requiere, los deseos satisfechos, las pulsiones de muerte, las insatisfacciones, y escucha gritos y las voces acuden en tropel, aunque sólo dos tienen nombre.

Piensa que es bueno, pero el de los intersticios le recuerda todas las veces que no, y no por omisión, siempre sabe lo que hace, le dice.

Aún me pregunto por qué sigo subiendo textos.

En la Plaza de San Domenico, está tirado, cubierto de sangre, cada día 4 de octubre se le observa sangrando. Y cuando el sol se oculta por la columna, se le puede percibir mirando hacia arriba, como esperando algo, quizá que él hiciera algo, pero era más fácil para él regresar hotel y olvidarse del accidente.

Salí a tomar el sol y escribir un poco. Es sábado. Los muertos se agitan y no hay forma, ni descanso para los condenados.

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