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Hay tres muertos en el espejo, no en el espejo físico, sino detrás. Como si todos los reflejos fueran un sólo lugar. Pero sólo tres, aunque pudieran ser todos los muertos del mundo.

Uno está atravesado por una barra de acero y es muy fácil mirar a los ojos, que parecen cristales viejos rotos,

Esos tres muertos no ven cuando se refleja uno en los vidrios, cómo si fuera otro lugar, en esos reflejos es donde uno se ve sólo a sí mismo.

Hay tres moras azules en la garganta del muerto, había que sacarlas y revisar las larvas, la fruta no se había descompuesto, parecían moras frescas pero con larvas de más de dos días.

Hay tres cicatrices, alineadas y paralelas.

Las arañas bebé mudaron de exoesqueleto ahora hay una nube de cascarones y ellas, un poco más grandes, invaden los rincones de la casa. Como la desidia y la tristeza, que cambian de carcaza y encuentran nuevas formas, más grandes, que lo inundan a uno.

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