Gente estropeada

Me gustaba poner el mercurio en el suelo, partirlo en pequeñas esferas y después juntarlo de nuevo, cada vez se perdía un poco. No sé dónde habrá quedado el frasco con ese metal líquido, y no sé si ahora, los achaques son causados por haberme envenenado con mercurio durante toda la niñez.

Se metió un grillo, entraba en el baño cuando él, sigiloso, se paseaba por el suelo; no es como los escarabajos que luego salen de la regadera, o las terribles e infames cucarachas que han entrado volando o por debajo de la puerta (a esos les temo por los bichos que traen, virus y bacterias que luego dejan sobre la comida mal puesta, por eso jamás dejo algo sin tapar) así que, no rocío el insecticida sobre los grillos, cuando entran los atrapo y lanzo por la ventana o saco por la puerta, pero a este evité pisarlo y cerré la puerta de mi cuarto, por la mañana estaba en el techo y hace poco mientras leía, subió por la pared donde tengo las fotos de mis padres. Después estaba en el sillón y por ahi debe andar.

Las abejas vienen a morir, entran por la ventana, dan unas vueltas, intento sacarlas pero siempre regresan y uno o dos días después las hallo, secas, con las alas estiradas, me preguntó si existe una razón, se cansan de volar y se meten a una casa a morir, ¿los insectos serán conscientes de su propio proceso de muerte?. Creo que todos los seres vivos lo están, saben cuando hay que buscar un lugar para dejar de existir pero los humanos tienen tanto ruido en la cabeza que piensan en culpa e incumplimientos, que no se dan cuenta. A veces quiero que alguna abeja me pique, no recuerdo que alguna abeja me haya picado alguna vez, ¿habrá quien muera sin haber sido nunca picado por una abeja?

No entiendo bien un sonido que hace el corazón, como si un chorro de sangre lo obligara a perder el ritmo, súbitamente es escucha un rozamiento entre los órganos cercanos, como si se hubiera inflamado de más el músculo al latir, como si quisiera salir del pecho.

Pasa un helicóptero militar muy bajo, suenan las alarmas de los autos y las ventanas vibran.

Ayer sostenía el segundo corazón – uno pequeño – en mi mano, lo saqué del pecho y lo sostuve hasta que desperté y desapareció. El camión de los muertos pasa inmediatamente dejando su rastro de putrecina y cadaverina, siempre pasa sin detenerse.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s